Gracias Jován

by Ignacio Benedetti

Esta carta te la debía y qué mejor que hoy para hacerla pública. La escribo un miércoles porque fue un miércoles cuando me asomaste esta posibilidad que nunca dudé en aceptar. Pero la asomo un jueves porque este fue el día que me asignaste para que cumpliera uno de mis mayores anhelos: escribir una columna en un diario, y es un jueves el día que elijo para que mis “Apuntes del Camino” se tomen un descanso.

Hay algo que no sé si estés al tanto: eres un líder natural. No necesitas de amenazas, gritos, trampas ni manipulaciones para que muchos te sigan y esa es una cualidad que se consigue muy poco en estos tiempos. Pero además, haces valer tus principios sin necesidad de hacer alarde de ellos. No te hace falta invocar códigos que sólo le sirven a algunos para ocultar sus miserias.

Eres un tipo honesto, transparente, sin intenciones ocultas. Tu norte es ser tú mismo y no te preocupa que la corriente te invite a tomar otra vía; intentas ser justo y ya eso te separa del común denominador de quienes habitan esta tierra.

A mi me sorprendió cuando me llamaste para que escribiera en Líder. Con el paso de los años hemos ido cultivando nuestra amistad, pero nunca imaginé que me ibas a ofrecer un espacio en tu periódico. Acepté el reto con el mayor de los gustos, y te confieso que nunca me sentí a la altura de semejante empresa. Cada viernes leía tu columna y me preguntaba “¿por qué carajo no puedo escribir así?”. No te miento, además de disfrutar tus columnas, las revisaba varias veces. Es que Jován, tienes un talento que quizás no llegues a comprender.

¿Sabes algo? Aún no me perdono haber fallado, hace un año, cuando de viaje por Barcelona, para continuar un proceso de aprendizaje que apenas comienza, no mandé la columna. No fue que no quise sino que, como el mayor de los idiotas, dejé el Ipad en algún lado y perdí lo que había escrito en el avión de Madrid a Barcelona. Ese asterisco me atormenta y lo seguirá haciendo hasta que abandone este mundo.

Durante este tiempo tuve la ocasión de conocer como llegaste al puesto de Director de Líder. Sé que fue el ascenso más doloroso de tu vida y que jamás hubieses querido ocupar ese cargo como consecuencia de aquella fatal noche. Y también se cuánto extrañas a tu viejo, del que has escrito un poco y espero escribas más en el futuro. No lo hagas por ti, hazlo por Román, tu chamo, tu esperanza, tu fuerza. El necesitará saber de dónde viene su viejo y nada mejor para ello que le cuentes quien fue el tuyo.

En fin, me tengo que despedir. Sabes que estas demostraciones no son mi fuerte y si continúo vas a creer que me olvidé las cervezas que me debes. Así que haré caso al consejo de Bielsa – casi tan obstinado como yo – y no continuaré con elogios que puedan sonar oportunistas ni hipócritas. Sólo quiero decirte que en mi tienes a un amigo que te admira y te agradece que allá por el año 2.009 te la jugaste defendiéndome del atropello que planificaron los parásitos del poder.

Gracias maestro, ha sido un honor haber trabajado para ti. Perdona los errores, ya sabes que los cometeré siempre.