El poder por el poder mismo

by Ignacio Benedetti

Voy a contarle una historia, mi estimado lector. Allá por el año 2.005, se produjo un conflicto que, según Rafael Esquivel, pudo traer como consecuencia la inhabilitación de la Federación Venezolana de Fútbol. En aquel momento, el siempre hábil presidente de la FVF se encargó de enfatizar que la pugna electoral nacida en las entrañas de la asociación Fútbol Mejor y aprovechada por el grupo Fútbol Popular, sólo iba a traer como consecuencia la frustración del sueño Vinotinto. Finalmente no hubo sanción por parte de la FIFA y hoy, más allá de lo que algunos afirman, aquel grupo ha sabido penetrar al ente federativo.

¿Cómo obtuvo tanto poder esa plancha denominada “Fútbol Popular”? Gracias a la complicidad de Esquivel. Vayamos al punto más álgido de esta historia: la Copa América Venezuela 2.007. La FVF no estaba (ni está) en capacidad de organizar una verbena, mucho menos un evento de esa magnitud. Por ello recurrió al gobierno nacional para que construyera estadios que alimentaran la mentira de que éste es un fútbol en desarrollo; pero además, el poder debía encargarse de casi toda la logística del torneo. Quien niegue la importancia del gobierno en aquel evento es cuando menos un interesado en tapar la verdad.

Para esa misma época ya la FVF había tomado una decisión clave en todo esto: ampliar los equipos de primera división hasta 18, un número acorde a países como España o Inglaterra, pero que en nuestro caso parecía una mera exageración. Este fútbol ha gozado de muy poca salud económica y el aumento de participantes en la primera división fue un guiño a gobernaciones y alcaldías (de cualquier tendencia política) para que se hicieran presentes en un negocio que no es tal, o por lo menos no lo es en el estricto sentido del término.

Hoy todos conocemos la realidad: por lo menos 12 de los 18 equipos dependen en gran medida de los dineros públicos (alcaldías, gobernaciones, SENIAT o PDVSA) y pocos, muy pocos, toman resoluciones que se ajusten exclusivamente a criterios deportivos. Rafael Esquivel permitió que esto sucediera – aquí sí me permito especular – seguramente con la intención de garantizar su continuidad al frente de la FVF. Dentro de todo este desastre hay un par de dudas que me preocupan: ¿qué pasará el día que el actual presidente no esté? ¿Que pensará la FIFA acerca de este intervencionismo gubernamental? Este es apenas el inicio del camino, pero la conclusión es la misma: el poder es una droga muy poderosa.

Columna publicada en el diario Líder el domingo 27 de Abril de 2.014