Patadas a la lógica

by Ignacio Benedetti

El amistoso del pasado miércoles ante Honduras parecía ser una oportunidad ideal para ensayar variantes de cara al futuro. Si además recordamos que dicho encuentro fue concebido por la FVF como un partido homenaje a Manuel Plasencia, no se entiende entonces cómo se perdió una valiosa oportunidad de sumar opciones que se diferenciaran del pasado reciente. Por ello, no podemos callar ante las muestras que certifican un gran desprecio por la lógica.

La negativa del cuerpo técnico para mostrar jugadores no habituales fue sorprendente. Tampoco se puede obviar la alarmante reiteración de fórmulas que ya fracasaron en el pasado. El ejemplo perfecto lo encontramos en la ubicación de Roberto Rosales como lateral izquierdo, un puesto que ocasionalmente puede ocupar, pero siempre con las limitaciones típicas de quien es utilizado en una posición contraria a su naturaleza.

Siendo un encuentro preparatorio y parte de un interinato, ¿cómo se justifica que las primeras modificaciones en el campamento vinotinto se hayan producido en el minuto 67? Al igual que las declaraciones pospartido, esto chocó con la intenciñon inicial de pensar más en el futuro que en el presente. Por ejemplo: ¿no merecía Pedro Ramírez algo más que los 23 minutos que jugó? Las declaraciones del seleccionador hacen pensar que la provisionalidad puede transformarse en algo más.

Repasemos la alineación titular: Leo Morales; Alexander González, Oswaldo Vizcarrondo, Grenddy Perozo y Roberto Rosales; Edgar Jiménez, Agnel Flores, Luis Seijas, Yohandry Orozco y Rómulo Otero; Fernando Aristeguieta. Salvo el caso de Jiménez, todos los jugadores que saltaron desde el inicio al terreno de juego han tenido períodos de continuidad en la selección. Incluso los más jóvenes como Otero, Orozco y González gozaron de una buena cantidad de minutos en el ciclo Farías. Entonces, ¿fue este partido un banco de pruebas o una muestra de continuidad?  El discurso oficial y los hechos parecen transitar vías distintas.

William Shakespeare escribió una obra universal que tituló La Tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca, o simplemente Hamlet. En el primer acto, Marcelo, uno de los personajes de la obra, pronuncia una frase que ha quedado en el subconsciente colectivo: “algo está podrido en el estado de Dinamarca”. Vistas las últimas decisiones de la dirigencia, no parecería exagerado afirmar que el gran escritor inglés hubiese encontrado en la FVF una enorme fuente de inspiración, sobre todo porque su pluma no hubiese callado nunca aquello de lo que no se puede hablar.