El retorno a la inocencia

by Ignacio Benedetti

Lo que caracteriza a los procesos formativos es que en ellos la victoria no es el único objetivo. Es una obviedad que en estas etapas se desea ganar como en la fase profesional, pero en el camino, el conductor del grupo debe señalarle a sus dirigidos cada señal de aprendizaje que aparezca en el recorrido. Idealmente esto debería suceder en todas las divisiones del fútbol, pero ese sueño choca con entrenadores soberbios que dicen que ya no están para ser educadores, que lo suyo es ganar y nada más.

La pronta y triste eliminación de la Vinotinto sub 17 del mundial volvió a reflejar nuestro desprecio por la reflexión. Más allá del resultado, creo que debemos detenernos a considerar algunos elementos que pueden resultar muy positivos. Por ejemplo: haber empleado un sistema de juego con tres defensores centrales y dos laterales/volantes es una opción táctica ignorada por más del 90% de los equipos juveniles de nuestro país, por lo que su empleo seguramente ha significado un gran aprendizaje para estos jóvenes valores.

Otro aspecto a considerar es que estos muchachos lograron algo poco común en nuestro fútbol: completar la totalidad del ciclo competitivo, es decir, jugar, competir, triunfar y perder en Sudamérica y el mundo. Durante un corto espacio de tiempo, los integrantes de esta selección conocieron todas las caras de este negocio llamado fútbol. Fueron héroes y villanos, cracks y jugadores del montón, desconocidos y figuras publicitarias.

Para estos chicos que hoy se sienten golpeados por la derrota bien vale el consejo de Marcelo Bielsa: “Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos de mi vida en los que yo he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos; el fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes. Si bien competimos para ganar, y trabajo de lo que trabajo porque quiero ganar cuando compito, si no distinguiera qué es lo realmente formativo y qué es secundario, me estaría equivocando.”

Sólo queda aspirar a que la conducción Dudamel, con sus grises en la ultima etapa, haya sido lo suficientemente positiva para que la vuelta a la inocencia de estos futbolistas sea en total tranquilidad y no se repita el ejemplo de la sub 20 mundialista, la cual fue utilizada más para el ego de algunos que para las mejoras de esos chicos y de nuestro fútbol.

Columna publicada en el diario Líder el jueves 31 de octubre de 2.013