La generación de relevo

by Ignacio Benedetti

Alinear es mucho más que elegir a once jugadores de la plantilla para saltar a jugar. Alinear es organizar las relaciones para el juego. Elegir quiénes son es la mayor estrategia operativa del juego. Es aquí donde el entrenador más incidencia tiene de intervención”.

Esta afirmación del entrenador español Guillermo Fernández Romo se encuentra en el más reciente libro de Oscar Cano, llamado “El modelo de juego del Real Madrid con Mourinho”. En ella está una de las principales nociones de este juego: no basta solamente con poner a los buenos, hay que entender cómo se relacionan los jugadores y fomentar vínculos que moldeen el ideario futbolístico de un conjunto de este deporte.

Por segunda ocasión en el ciclo de César Farías se escuchan frases terminantes que invitan a dejar de lado a jugadores experimentados en favor del empuje de una nueva generación de futbolistas con menos recorrido y “más hambre”, sentencia que no es pronunciada por el DT, pero que es intencionalmente colocada en medios afines a su gestión. Una vez finalizado el Suramericano sub-20 del año 2009, los mismos voceros alzaron su voz para pedir el destierro de los veteranos.

El fútbol, a diferencia de lo que muchos creen, no es una conducta lineal. De aquel grupo juvenil que nos regaló la primera clasificación a un Mundial de este deporte, jugado en Egipto, solo se puede contar a par de jugadores como habituales en la selección de mayores, lo que debe llamar la atención acerca de la singularidad de los procesos para no repetir fracasos recientes ni cargar a los jóvenes de presiones innecesarias.

Nadie en su sano juicio puede discutir el talento de jugadores como Josef Martínez, Rómulo Otero, Pedro Ramírez, Yohandry Orozco o Robert Hernández, por nombrar algunos, pero para que sus virtudes exploten en favor del grupo se necesita el mejor de los contextos, así como voces experimentadas que guíen esos primeros pasos. Farías perdió una gran ocasión para fomentar ese aprendizaje cuando rechazó, en los inicios de su ciclo, reunir a Tomás Rincón con Luis “Pájaro” Vera para que este último le transmitiese algunos secretos de la posición y de la selección.

Es peligroso, y la historia así lo señala, pensar que la construcción de un equipo es una conducta mecanizada y previsible. Lo que sí podemos, a través de decisiones que rechacen la ansiedad de algunos, es recordar el consejo del físico austríaco Fritjof Capra: “Las organizaciones no pueden ser controladas mediante intervenciones directas, pero puede influirse en ellas dándoles impulsos, más que instrucciones”.

Columna publicada en el diario Líder el 03 de octubre de 2.013