El silencio inteligente

by Ignacio Benedetti

Rafael Esquivel ha sido el mayor defensor de su gestión al frente de la FVF. No han sido quienes lo eligen sino él mismo, el encargado de mostrar las supuestas bondades que ofrece su presencia en el organismo que controla el fútbol venezolano. Son muchas las habilidades que lo definen, pero las más llamativas han sido saber convivir con el poder político de turno y el reconocimiento de las debilidades de quien lo “adversa” para a partir de ellas, “invitarlo a sumarse a la causa”.
César Farías también ha sido un apasionado defensor de sus logros. En el tiempo ha protagonizado episodios violentos o los ha consentido, como aquel en el que Lino Alonso, sin la astucia de Esquivel, salió a dar clases de patriotismo y periodismo. Pero Farías, a pesar de esos momentos inolvidables, también ha sumado a su causa a quienes ha considerado como “amigos útiles” y ello, al igual que en el caso del presidente de la FVF, es una muestra de su inteligencia.
A ambos los une otra circunstancia: en un momento de nervios como jamás hemos vivido, permanecen callados y tranquilos ante un estado de ansiedad que promete acabar con la paciencia de muchos. Es de suponer que esta actitud es bastante saludable, porque nos hace pensar que Farías está dedicado en cuerpo y alma a la consecución del boleto a Brasil 2014 mientras que Esquivel parece haber entendido que es mejor que sean otros los que se peleen con los medios.
En este panorama aparece Laureano González, vicepresidente de la FVF y encargado  de presentar los torneos nacionales. Con un discurso estudiado, el señor González pretendió sacar pecho por el crecimiento del fútbol en el país. Habría que recordarle que esa actividad que él señala como ejemplar y que muchos queremos, subsiste y evoluciona gracias a jugadores, entrenadores y algunos directivos que se dejan la vida por el gusto que les proporciona este juego.
Siendo el Estado el principal inversor de nuestros equipos, con las consecuencias que ello trae (no hay infraestructuras propiedad de los clubes, dependencia de la voluntad del gobernante de turno, problemas de pagos, etc.), no creo que la masa esté para bollos. La práctica de este juego por parte de doce niños en cualquier pueblo de nuestro país no es algo que debe tomarse la FVF como logro propio, porque no lo es. En cambio, a pesar del reconcomio demostrado la semana anterior, bien valdría escuchar a un venezolano como Juan José “Cheché” Vidal, destacado no solo por su paso como jugador sino por su éxito fuera de los campos. Eso, solo escucharlo, porque haciéndolo puede que sumemos conocimientos que las emociones no nos permiten aprehender.