Respuesta a un lector indignado por mi columna

by Ignacio Benedetti

A raíz de mi columna “Viajes a la nada” del día 01 de agosto de 2.013 recibí una comunicación en respuesta a mis dichos. Normalmente no me doy a la tarea de responder a las opiniones ajenas por el simple hecho de que las considero tan válidas como las mías. Al fin y al cabo son eso, simples opiniones. Pero en este caso, este señor comienza su inquisición de la siguiente manera:

“Estimado amigo Ignacio Benedetti. He leido con atención cada uno de los párrafos de tu última publicación.

Partiendo de hecho de que tus comentarios son emitidos dentro del marco de la buena fé, no comparto lo expresado en relación al trabajo que viene haciendo el Deportivo Táchira. No tienes conocimiento de causa para decir a los 4 vientos que el Deportivo Táchira debería de invertir ese dinero en instalaciones deportivas acordes para su preparación y no invertir en `viajes a la nada, entendiéndose esta como pan para hoy y hambre para mañana´”.

Lo primero que debo señalar es que yo a quien no conozco no lo tuteo, es una norma básica de educación que este señor, profesor de profesión, desconoce; y como no lo conozco, mucho menos puede llamarme amigo. Si además es capaz de asegurar que mis comentarios son emitidos “dentro del marco de buena fe” es interesante como me llama ignorante. Pero en ningún momento desafía o contradice el espíritu de la columna, ese que cuestiona los gastos de los equipos en algo distinto a la construcción de una infraestructura, y en el caso del club al que él defiende – y que yo respeto mucho – no hay manera de afirmar que hablo desde la ignorancia ya que es público y notorio el ya viejo ofrecimiento que el Sr. Edmundo Kabchi, accionista y directivo de la entidad, ha hecho acerca de la búsqueda de unos terrenos para el club (ver links uno, dos y tres), diligencia imposible de materializar hasta los momentos. Pero continuemos con la descarga del amigo que siente que mis críticas proceden de la buena fe:

“Te informo que el equipo si se está fortaleciendose en una infraestrucutra propia, fortaleciéndose en divisiones inferiores y creciendo para ser cada día mas grande. Sencillamente que aquí en el Táchira es obligatorio hacer ambas cosas a la vez, CRECER Y GANAR. Aquí en el Táchira no hay otra.”

Vuelve a tutearme y además desconoce – asumo yo ahora que su discurso está lleno de buenas intenciones y no fue mandado por el defín de Esquivel – las reglas básicas de comunicación en las redes sociales, las cuales establecen que el uso de las mayúsculas está asociado a los gritos. No me conoce, me tutea y me levanta la voz. En fin, un claro indicio de la molestia que mis palabras causaron en sus jefes.

El profesor en cuestión me informa que en Táchira se debe crecer y ganar a la misma vez. Le preguntaría al empleado del club si los títulos obtenidos por el club que dice defender han servido para construir una ciudad deportiva acorde a la historia del Deportivo Táchira, una que yo sí respeto y por ello le exijo a sus dirigentes que cumplan con sus obligaciones. Pero lo más llamativo es que en mi columna “Viajes a la nada” no hago mención al trabajo de divisiones inferiores de ningún equipo sino a la ausencia de terrenos propios y ciudades deportivas que castiga al 85% de los equipos venezolanos. El profesor debe haber olvidado el tema a discutir, ofuscado por el dolor que le genera la verdad, o simplemente estaba muy ocupado tomando el dictado de alguno de los directivos para quienes trabaja y que aún no dan respuesta por un terreno que dicen estar buscando y cuya búsqueda excede ya los tres años. Tres años que sí deberían escribirse en mayúsculas pero no lo pienso hacer porque al lector le tengo un gran respeto, y al igual que el profesor conmigo, lo tengo por buena persona. Sigamos:

“Te cuento que nuestro equipo tiene cancha los 365 dias del año, camerinos adecuados, sala de terapias, un 100% de categorias infeeriores, y un estadio acorde que sin llegar a ser el mejor estadio del país es perfectamente la envidia de muchos”.

Me sigue tutendo el profesor para contarme que el equipo para el que trabaja tiene un 100% de categorías inferiores, algo que es una obligación y que en el caso del Deportivo Táchira – uno de los dos equipos más grandes de Venezuela – no debería ser algo extraordinario sino natural. Pero este hincha/empleado se olvida lo que antes expliqué: a pesar de los triunfos y las tardes gloriosas, el equipo de mayor hinchada del país no ha contado con una directiva que respete esa historia y se dedique a construir una ciudad deportiva que sea el orgullo de sus hinchas. Pero además, el profesor (así se describe en su perfil de Facebook) ignora que nunca será lo mismo rentar un espacio que ser propietario del mismo, por lo que no puede rebatir el espíritu de mi columna, que no es otro que demostrar que los equipos dependen de terceros para entrenar y jugar.

Además, el estadio al que hace referencia como propio no lo es. El estadio Pueblo Nuevo de San Cristobal no es propiedad del Deportivo Táchira, como tampoco el estadio Olímpico es propiedad del Caracas F.C. De hecho, quisiera que el profesor abriese los ojos y se diese cuenta que ni los equipos de béisbol en nuestro país son titulares de los recintos donde llevan a cabo su actividad, lo cual hace del dramático panorama que describe mi columna aún más preocupante.

Pero llega el final, y con él,  la mejor parte de la descarga del profesor/hincha/empleado del club:

El equipo hace esta pretemporada porque considera que es la base para ahcer un buen torneo y así recuperar la inversión que ha hecho, si eso te molesta, pues de malas. Que fácil es decirle a los demás como deben gastar el dinero y hacer con el mio lo que se me venga en gana. Creo que este reportaje es una falta de respeto.

Dios santo, este señor es profesor.Ante todo le aclaro que lo publicado no es un reportaje sino una columna de opinión, que en este caso refleja la realidad de los equipos profesionales en Venezuela. Dentro de esa columna de opinión, estimado profesor, señalo que en el caso de poseer una ciudad deportiva, los clubes – que no son clubes sino equipos – pudiesen ahorrar costos y aprovechar de mejor manera las horas y días previos al inicio de la competencia. Pero el profesor sólo entiende como inversión la contratación de jugadores, por lo que debo repetirme y recordarle que comprar una casa es un gasto mucho más rentable que vivir alquilado.

El profesor, que presume de mi buena fe, me acusa de decirle a los demás qué hacer con su dinero. Y es en este punto en el único que coincidimos. Claro que lo hago y lo voy a seguir haciendo, porque este fútbol no puede seguir viviendo de gobernaciones, alcaldías o malacrianzas de empresarios que no mueven un sólo dedo para dejar algo más que un trofeo. ¿Sabe, mi estimado profesor, que Noel Sanvicente, ese entrenador que ya dijo dos veces que no iba a dirigir al Táchira porque esas infraestructuras que usted señala como sólidas no lo son, estuvo a punto de renunciar al Zamora, a su Zamora campeón? Ah, seguro alguien se lo comentó, mi estimado profesor. ¿Pero sabe cual era la razón? Que la institución no poseía los terrenos para desarrollar los campos de entrenamiento de el equipo para el que hoy trabaja. La idea, mi estimado profesor, es dejar algo que perdure en el tiempo y le permita a la institución crecer.

No se si sabe, mi respetado profesor, que equipos campeones han habido muchos. Cierto, Táchira y Caracas más que los demás. Pero muchos de esos equipos han desaparecido sin dejar ni una arquería como herencia. Entonces, señor profesor/hincha/empleado del Deportivo Táchira, usted no debe preocuparse por el refuerzo de turno sino por averiguar los planes a futuro de una institución tan importante como el Deportivo Táchira y que visto lo visto, parece interesarme más a mi que a usted, a pesar de ser usted un beneficiario emocional y material de la misma.

No pienso responder a la parte en la que me acusa de faltar el respeto, sólo le deseo la mejor de las suertes estimado profesor, aunque creo que mejor lo hago con sus alumnos y con mi país, porque si usted tiene a cargo jóvenes deseosos de aprender, no me extraña entonces la pérdida de valores que caracteriza a mi país.

Saludo a sus jefes y muchas gracias por leerme.