¿Para qué nos defendemos?

by Ignacio Benedetti

A mis jugadores les digo que jamás podría reprocharles la falta de talento. En lo que sí soy inflexible es en la entrega, porque depende sólo de ellos, de que ellos lo quieran, no de que Dios los ilumine. Marcelo Bielsa

Reconozco la existencia de dos corrientes de pensamiento que definen el arte de defender en el fútbol: me defiendo para atacar o me defiendo para repeler. A partir de la aceptación de una de ellas como planteamiento inicial se puede identificar la idea de juego y las intenciones del equipo en cuestión. Hay quienes aún se refieren a esta conducta – protegerse – como un sinónimo de lo que llaman “antifútbol” o peor aún, son capaces de afirmar que hay equipos que no saben resguardarse porque se trata de un tema “cultural“. En fin…

Cuando decido defenderme para evitar que el rival me haga daño estoy adoptando una actitud de víctima, por lo que cualquier recurso es aceptado como válido y oportuno con tal de impedir que el equipo contrario logre su cometido. Los conjuntos que entienden la faceta defensiva de esta manera usualmente son aquellos que cuando rescatan el control del balón se lo sacan inmediatamente de encima; viven del pelotazo porque para ellos el fútbol se divide en etapas: defensa y ataque. Por ello no encuentran un hilo conductor entre ambas conductas y les cuesta hilvanar alguna jugada posterior a esa recuperación, ya que no sienten la necesidad de comunicar ambos comportamientos.

La otra manera de defenderse es entender ese momento del juego como la continuidad del juego mismo; defender y atacar son actividades complementarias incapaces de sostenerse una sin la otra. Estos equipos entrenan la recuperación como el primer paso para agredir y dictar los tiempos del encuentro. La idea es simple y compleja a la misma vez: retomar la titularidad del balón con la intención de protagonizar, y protagonizar como manera de defenderse. En la mayoría de los casos, esta corriente de pensamiento es contraria a ceder la iniciativa de juego al competidor, prefiriendo constituirse como “controladores” de los tiempos del partido. Un claro ejemplo puede encontrarse en la España campeona de la Euro 2.012. Aquel fue un equipo que se defendía utilizando la pelota sin la necesidad de ser tan profundo como ha sido en esta Copa Confederaciones o como lo era su “primo“, el Barcelona de Guardiola.

Asumida la voluntad de gobernar el partido, hay tantas formas de recuperación de la pelota como equipos en el mundo así como estrategias a partir de su reconquista. Lo importante es la intención que la origina, y no es otra que someter al rival y decidir dónde y cómo se juega. Por ello es tan importante determinar para qué nos defendemos para luego poder definir el cómo y el dónde lo hacemos.

Yo soy un obsesivo del ataque. Yo miro videos para atacar, no para defender. ¿Saben cuál es mi trabajo defensivo? “Corremos todos” El trabajo de recuperación tiene 5 o 6 pautas y chau, se llega al límite. El fútbol ofensivo es infinito, interminable. Por eso es más fácil defender que crear. Correr es una decisión de la voluntad, crear necesita del indispensable requisito del talento. Marcelo Bielsa