A mi amigo Iñaki García

by Ignacio Benedetti

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Porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas… Jack Kerouac

No conozco mayor sensación de incertidumbre que aquella que me invade antes de iniciar un viaje. Usted pensará que soy masoquista pero lo que más me ilusiona es la certeza – llamémosla así – de que entre la salida y la llegada sucederán mil cosas que no he planificado, que no controlo, pero que a la misma vez, son ellas las que realmente llenan de emoción y valor cada excursión.

Me pasa lo mismo con el fútbol. Ha sido un proceso largo, pero hoy en día no soy de pasar mi tiempo frente a la tele observando largas previas que nada pueden decir acerca de lo que está por suceder en el campo. Entonces no me hago expectativas, de hecho estoy seguro que quienes han optado por entrevistarme terminan fastidiados por mi tolerancia a lo espontáneo y mi alergia a los lugares comunes. A mi parecer eso es el fútbol: un viaje que dura noventa minutos y que durante ese tiempo podemos aprehender o rechazar. Prefiero la primera opción

Este deporte es muy similar a los viajes que emprendió Jack Kerouac a finales de la década del 40 y que se encuentran detallados en su novela “On the road”. Soy creyente de que todo en esta vida es una excursión, un periplo, un trayecto que recorremos y en el que nos encontramos con el éxito y el fracaso; con las peleas y los amores que luego nos definirán como personas, y por supuesto, en esta afirmación cabe el juego y todo lo que lo compone.

Pongamos un par de ejemplos que acercan a ese magnífico libro al fútbol. Comienzo por Sal Paradise y su gusto por las expediciones. Una vez llegado el verano, el personaje principal de esa historia sentía la obligación de tomar su saco de ropa y lanzarse a la carretera. Ninguno de sus viajes finalizó como esperaba y en muchos de ellos pasó largos ratos sin dinero, con hambre y afectado por alguna enfermedad, ¿pero qué sería del ser humano sin ese espíritu aventurero?

Lo mismo pienso cuando veo a Daniel Alves desbordar por el carril derecho del FC Barcelona. Todas y cada una de sus proyecciones nacen de la seducción propia de esa mezcla tan extraordinaria entre carretera y duda . Estoy seguro que en su hoja de ruta inicial, el lateral brasileño siempre sueña una misma conclusión: centro suyo y gol de algún compañero. Pero el verdadero valor de la aventura no está en su final – en este caso la resolución de la jugada – sino en todo lo que puede producir la decisión de comenzar una nueva andanza y los imprevistos que nacen en ella.

El otro caso es el de Dean Moriarty, ese fantástico agitador con la capacidad de contagiar a todos con sus sueños y sus locuras. Es él quien nos enseña que la emoción nace de la inquietud y que esa espontaneidad es la razón real de la existencia del ser humano; es lo imprevisible lo que nos maravilla, nos llena de anécdotas y nos anima a seguir adelante. Lionel Messi es justamente eso, una descarga eléctrica impensada que nos deja anhelando aún más. Esa adicción de Moriarty por la vida, el alcohol, las chicas y las anfetaminas es la misma del diez blaugrana, aunque al argentino le interesa la pelota, la pelota y sólo la pelota. Con esa energía nos cautiva, de la misma manera que Dean lo hizo con sus atolondradas reflexiones.

Vuelvo al fútbol y lo que representa: lanzarnos a la carretera con un grupo de amigos, acompañados únicamente por el deseo de competir y ganar. Cierto que pocos lo entienden así, pero pasa que la gran mayoría de los seres humanos prefiere que le cuenten antes que vivir su propio camino, lo que los lleva a ser narradores de experiencias ajenas y verdugos de sus propias emociones

A mi amigo Iñaki García le digo siempre que el juego es la vida, y la vida está en el camino que recorremos. En él se vive mejor, sobre todo si recordamos que la meta no es llegar sino continuar caminando.

 Y también esto que termina ahora – estas líneas – es sólo un final, no el fin. La aventura continúa- Alessandro Robecchi

Salud amigo